Monday, September 14, 2009

Sunday, September 13, 2009

WELCOME TO INDIA!


INDIA
Estoy en la frontera, del lado indio, en un lugar llamado Attari. Estoy aquí varado, en pura solidaridad, porque a Xavier, un chico de Hong Kong que conocí en Lahore y que viene conmigo, no lo quieren dejar entrar por causa de uno de esos curiosos recovecos que tiene el castillo de Kafka: los chinos, según nos explican, no pueden cruzar a pie, tienen que hacerlo en autobús o en tren, y el próximo autobús pasa mañana. Estamos jugando la carta de que Hong Kong no es China, pero no cuela.
En Lahore nos despedimos de la gente del hostal (el mítico “Yes is no”), de los amigos viajeros, de Imzan, el policía de tránsito, y finalmente de Niamat, el rickshaw wallah que nos trajo hasta Wagah, que es el nombre de la frontera del lado Pakistaní.
Aquí en Wagah-Attari se lleva a cabo la curiosa ceremonia del cierre de frontera y del asta bandera en la que India y Pakistán celebran su nacionalismo y su rivalidad, uno frente a otro, pero con público. Es una ceremonia que es una comedia loca, probablemente involuntaria, aunque con un gran contenido satírico y surrealista à la Monty Python, y los soldados que la llevan a cabo dignos representantes del Ministry of Silly Walks.
Al pobre de Xavier lo devolvieron de verdad, y tendrá que volver mañana. Qué cosa absurda las fronteras, especialmente aquéllas que no existían sino hasta hace poco.
Pero yo aquí estoy finalmente, ahora sí, en Amritsar, y no puede haber un mejor lugar para entrar en la India que este, tierra y capital de los sikhs, que hartos de tanta tontería entre hindús y musulmanes, intentaron crear una religión nueva, diseñada para limar asperezas, tomar lo bueno de cada una de las dos, y quitarles lo malo.
“There is no hindu, there is no muslim”, declaró el gurú Nanak, fundador del sikhismo, y realizó el difícil acto de malabarismo teológico. Del islam tomó la idea de la hermandad, aboliendo las castas, pero extendiéndola también a las mujeres (“A brotherhood-sisterhood”, pedía John Lennon); del hinduísmo su naturaleza incluyente, abierta, y tantas cosas más. Y uno se siente “incluído”, absolutamente bienvenido en el templo dorado, en el que es recibido como un peregrino, con una cama y con comida. Lo único que hay que hacer es cubrirse la cabeza y quitarse los zapatos, cosa que hago con gusto.
La arquitectura del templo es, como las ideas de los sikhs, una mezcla de hinduísmo e islam, y si en los pabellones exteriores hay dos enormes minaretes, el corazón de todo el complejo, el templo dorado, o Hari Mandir Sahib, está en una isla en medio del Amrit Sarovar, o lago de néctar (divino, claro), que da nombre a la ciudad.
La mirada de los sikhs, entre la barba y el turbante, es clara y severa, y su trato es amigable y acogedor.
Ha sido un día larguísimo, y después de la cena colectiva de lentejas con chapati y arroz con leche, estoy listo para una buena noche de sueño.

Thursday, September 10, 2009

DERVICHES



“How shall we sing the Lord´s song
in a strange land?”
(Psalm CXXXVII)

Lahore es la ciudad de Kim, el personaje de Rudyard Kipling, y es en homenaje tanto a uno como al otro que hago una visita al Museo de Lahore, el Ajaib-Gher (the Wonder-house), cuyo primer curador, allá por los finales del siglo XIX, fuera justamente el padre del joven Kipling. Como todo en Pakistán, el museo parece congelado en el tiempo, inmóvil desde que se fuera el Imperio, acumulando polvo nada más, y pienso para mis adentros que más que la visita a un museo parece la visita a la casa de una tía muy anciana y muy excéntrica que viajó por todo el mundo. La colección de arte gandhara es extraordinaria, y en el tallado de la piedra y las esculturas, que representan casi siempre personajes de la vida del buda, se aprecia claramente la influencia griega.

*

Los jueves son los días (y las noches) sufis en Lahore, con decenas de grupos que se reúnen en el santuario de Data Darbar a cantar qawwali toda la tarde, y luego por la noche, en un lugar fuera de Lahore y al aire libre, al que llegamos con nuestro amigo el del rickshaw, hay percusiones e invocaciones a Allah, y derviches bailando frenéticamente.
El espíritu del sufi está vivo en Pakistán, porque tanto la gente, como su versión del Islam, son más abiertas. Fue una buena despedida. Mañana cruzo la frontera.



Wednesday, September 9, 2009

A MATTER OF LIFE AND DEATH




I wake up in the heat of the power break

when the fan stops its purr and I am
nothing but a pool of sweat
and bad dreams:

all the flying black creatures,
the crows, the flies, the beggars,
scavenging the rot in the dance

of death

the endless wet kiss of decomposition,
(the process by which tissues of a dead organism
break down into simpler forms of matter)
buzzing, crowing, minding
their own business.

In the streets bellow, life goes on.

Tuesday, September 8, 2009

ÚLTIMAS DE PAKISTÁN



Primer día de ramadán. Casi todo está cerrado y no se puede comer ni beber nada (en público). Por la mañana largo paseo explorando las ruinas de Taxila, una de las más importantes ciudades de Gandhara, la civilización budista que vivió en esta zona, y en Afganistan (los famosos budas que destruyeron hace unos años los iconoclastas de los talibanes...), hace dos mil setecientos años, y de la que se habla en el Mahabharata. Es un ejemplo ya no clásico, sino también único, de una cultura greco-budista, y fue un gran centro urbano, religioso y educativo. Aquí estuvieron Darío, Alejandro y Ashoka, y desde aquí, dicen, entró el budismo en China. Taxila está situada en un valle verde y hermoso a unos treinta kilómetros de Islamabad, rodeado por montes y atravesado por canales de agua en los que los niños se están bañando. El calor es intenso, y algo de estos montes y de estos árboles me recuerda al mediterráneo.

*

¡Ya tengo la visa para la India!
Y con la visa en la mano vuelvo a Lahore, a pasar unos días aquí antes de cruzar la frontera. Se acerca la última etapa de la travesía: Lahore-Amritsar-Delhi.
En Lahore descubro a unos músicos muy interesantes que pertenecen a una tradición similar al qawwali y que es conocida como "khawan naat". Se trata de Ahvez Qadri, y de su hijo Farhan Ali Qadri. Es música mística, de trance. Como los Jackson 5.

*

Amanezco con diarrea, pero sin dolor de estómago, por lo que la interpreto como una adaptación al clima de Lahore, caliente y húmedo. Aún así, desafiando a mi estómago, voy a conocer el caos del viejo Lahore, es decir la parte de la ciudad que estuvo alguna vez intramuros. Estando en la calle comienza a llover una lluvia fuerte, monzónica, que no baja para nada la temperatura, sino que convierte a la ciudad en un baño de agua tibia y vapor, y lodo, y contaminación, y tráfico, y ruido, y pordioseros, y vacas, y chivos, y gallinas, y basura.
En un extremo del viejo Lahore está el Shahi Qila, o fuerte de Lahore, una estructura impresionante que fuera el palacio de varios emperadores mogoles, como Akbar, Jehangir, Shah Jahan y Aurangzeb, además de ser la fortificación que albergaba sus ejércitos. Hoy en día está abandonado y se visita casi como una ruina arqueológica, o para disfrutar de la vista y de sus jardines. Sus puertas y caminos son enormes porque a los mogoles les gustaba pasearse en elefantes.
A uno de los costados del fuerte está la mezquita Badshahi, construída por Aurangzeb en 1674, y que representa uno de los mejores ejemplos en el mundo de la arquitectura mogola, mientras que en otro de los costados está el templo sikh que contiene el mausoleo del Maharajá Ranjit Singh (fundador del imperio sikh, que duró poco porque se topó pronto con los británicos), a la vez que el gurudwara de Arjan Dev, quinto gurú de los sikhs.
Todo el complejo arquitectónico es maravilloso e imponente, y es casi un milagro en medio del horror que es Lahore. Como una flor viva aún en un ramo ya marchito.

Saturday, September 5, 2009